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viernes, 1 de julio de 2011

Nuevo informe de la OIT "España: Empleos de calidad para una nueva economía"

Este nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) analiza una serie de políticas económicas, del empleo y del mercado laboral que podrían consolidar una recuperación aún frágil y comenzar a reducir el desempleo.

El nuevo informe, realizado por el Instituto Internacional de Estudios Laborales de la OIT, también invita a adoptar un plan de choque que garantice que “ningún joven quede rezagado”, y al mismo tiempo evite reducciones de los salarios y estimule las reformas financieras que permitan a las empresas sostenibles un mayor acceso al crédito.

El informe completo se puede consultar en el siguiente enlace:
http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@dcomm/@publ/documents/publication/wcms_158551.pdf

viernes, 7 de enero de 2011

El ‘Informe Olivenza 2010’ presenta una visión global de la realidad de las personas con discapacidad en España


Cubierta del Informe Olivenza 2010
 El Observatorio Estatal de la Discapacidad, instrumento técnico de la Administración General del Estado encargado de la recopilación, sistematización, actualización, generación y difusión de información relacionada con el ámbito de la discapacidad, ha presentado la publicación ‘Las personas con discapacidad en España. Informe Olivenza 2010’, cuyo contenido supone una visión de la realidad diaria de este sector de la población en nuestro país y quiere servir como orientación para que las medidas administrativas respondan a las necesidades reales de este colectivo.

Entre las actividades encomendadas al Observatorio Estatal de la Discapacidad (OED) está la de elaborar un informe bienal que proporcione una actualización exhaustiva de la situación de la Discapacidad en España. En base a este mandato y en función de los indicadores recopilados y de los estudios e investigaciones impulsadas por el OED, éste ha presentado la publicación ‘Las personas con discapacidad en España. Informe Olivenza 2010’, un documento que constituye una visión de la realidad de las personas con discapacidad en nuestro país en el bienio 2008-2009 (con datos actualizados a 2010) que quiere contribuir a que las medidas administrativas respondan a las necesidades reales de las personas con discapacidad.

La publicación que ahora se presenta aparece estructurada en cuatro capítulos monográficos, que abordan el perfil sociodemográfico de las personas con discapacidad en España según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y situaciones de Dependencia (EDAD 2008); la aplicación en nuestro país de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad; los retos y oportunidades en materia de empleo y el desarrollo de la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia.

El ‘Informe Olivenza 2010’ incluye además una crónica informativa, que recoge aquellas noticias que fueron actualidad en el sector en el período de tiempo estudiado, y una selección de indicadores estadísticos sobre prevención de deficiencias, educación, contratación, protección económica, información estadística del SAAD y accesibilidad.

Perfil de la población con discapacidad
El trabajo multidisciplinar del equipo técnico del Observatorio Estatal de la Discapacidad que ahora se hace público permite conocer que la discapacidad aparece a edades cada vez más tardías y con mayores tasas de prevalencia en mujeres que en hombres, a partir de los 45 años. Los datos de la EDAD 2008 analizados para el ‘Informe Olivenza 2010’ revelan que entre los 3,8 millones de personas con discapacidad de seis y más años que residen en hogares familiares -del total de 4,1 millones de personas con discapacidad que hay en España-, las discapacidades más frecuentes son las relacionadas con la movilidad, la vida doméstica y el autocuidado, tipologías que suelen estar ligadas a enfermedades y accidentes, más que a causas congénitas o perinatales.

Mientras que el 58,2% del total de las personas con discapacidad de seis y más años residentes en hogares familiares han recibido algún servicio sanitario o social, tan solo el 9% habían percibido alguna prestación económica o indemnización por motivo de discapacidad, en los doce meses anteriores a la encuesta. Entre quienes si recibían alguna prestación, las más frecuentes eran las pen-siones contributivas por incapacidad, seguidas de las pensiones no contributivas y las asignaciones económicas por hijo a cargo.

En el ámbito económico cabe señalar también que uno de cada tres hogares en los que reside al menos una persona con discapacidad han tenido que realizar en los últimos doce meses gastos adicionales no compensados por ayudas o subvenciones por motivo de la discapacidad de sus miembros. El gasto medio anual por hogar ocasionado por la discapacidad en los hogares que declaran gasto por ese motivo asciende a 2.874 euros. El tipo de gasto más frecuente se relaciona con tratamientos médicos, terapéuticos, habilitadores y rehabilitadores.

El nivel educativo de las personas con discapacidad continúa siendo comparativamente bajo respecto al de las personas sin discapacidad, una diferencia que se acentúa a medida que se asciende en el nivel de estudios. Los niveles educativos más altos se dan, como se desprende de los datos de la EDAD 2008, entre las personas con deficiencias del oído, del sistema nervioso, osteoarticulares y visuales, y los más bajos, entre las personas con deficiencias del lenguaje, habla y voz, y deficiencias mentales.

Directamente relacionada con el bajo nivel educativo está la dificultad para acceder al mercado de trabajo, un ámbito en el que las mujeres con discapacidad tienen unos niveles de actividad y ocupación netamente inferiores a los de los hombres. Del total de 1,48 millones de personas con discapacidad que están en edad laboral -entre 16 y 64 años de edad- solo trabajan 419.300. Unas 106.800 está en situación de desempleo, y el resto están fuera del mercado laboral.

En el día a día de las personas con discapacidad, la falta de accesibilidad es otra de las cuestiones que dificulta el desarrollo de una vida en igualdad de condiciones con las personas sin discapacidad. Las barreras comienzan en muchas ocasiones en la propia vivienda ya que en el 72,7% de los hogares en los que reside alguna persona con discapacidad existen barreras de acceso. Más de la mitad de las personas con discapacidad manifiestan tener dificultad para desenvolverse con normalidad en su vivienda o edificio.

Cuando la persona con discapacidad sale al exterior, encuentra en las calles dificultades para subir o bajar de la acera, obstáculos colocados en ellas y problemas al cruzar las calles. En los desplazamientos realizados en transporte público, más de la mitad de las personas con discapacidad aseguran haber encontrado algún tipo de dificultad. Las personas con discapacidades que afectan al aprendizaje, aplicación de conocimientos y desarrollo de tareas, el autocuidado, la vida doméstica, la movilidad y la comunicación son las que en mayor proporción experimentan dificultades como las de leer, interpretar, o comprender los planos y señalizaciones; las de subir o bajar del transporte; o las de acceder a las estaciones.

Junto a las personas con discapacidad están los cuidadores, que en la mayoría de los casos son familiares y habitualmente hijas, cuando la persona que recibe los cuidados es una mujer, o esposas, cuando la persona atendida es un hombre. En un porcentaje muy bajo -en torno a un 8%- el cuidador es un empleado. En más de un tercio de los casos las personas con discapacidad necesitan ser atendidas más de ocho horas al día, situación que obliga a dejar de trabajar fuera de casa, acarrea problemas económicos y hace que la salud del cuidador se deteriore.


El nuevo marco jurídico de la Convención
La ratificación por España el día 3 de mayo de 2008 de la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por Naciones Unidas dos años antes, da paso a un nuevo marco jurídico que obliga a una adaptación de la legislación española para cumplir con los principios que rigen la Convención de la ONU. Este proceso, abierto tras la ratificación del texto internacional, es analizado en el ‘Informe Olivenza 2010’, tomando como fuente la propia Convención, el ordenamiento jurídico español y los estudios realizados por diferentes especialistas en la materia.

La transformación y evolución que se ha producido en el derecho interno español en los últimos años ha dado lugar a una situación propicia para la necesaria adaptación legislativa, algo que no significa que no existan aún determinados aspectos que entran en contradicción con la Convención. Entre estos aspectos, como se indica en el ‘Informe Olivenza 2010’, están la regulación de los derechos de la personalidad y capacidad jurídica y de obrar de las personas con discapacidad, instituciones tan arraigadas como los complementos de la capacidad (tutela, curatela, guarda de hecho,...), el internamiento forzoso, el régimen jurídico-penal, etc.

Entre los aspectos que precisan modificación está el del reconocimiento de la capacidad jurídica de las personas con discapacidad, que la Convención de la ONU cita en el artículo 12, y el derecho a la tutela judicial efectiva, recogido en el 13. En ambos artículos profundiza el ‘Informe Olivenza 2010’, a la vista de que, por ejemplo, figuras como la incapacitación, regulada en el sistema jurídico español, entran en conflicto con la Convención.

En relación con el sistema de apoyos que la Convención de la ONU considera necesario diseñar para pasar de la sustitución de la persona con discapacidad en la toma de decisiones al apoyo en las mismas, y que el documento internacional recoge en su artículo 12; el ‘Informe Olivenza 2010’ presenta, como ejemplo, el sistema de apoyos que desarrolla en la actualidad la Fundación para la Promoción y Apoyo a las Personas con Discapacidad (FUTUEX). Este sistema hace especial hincapié en la dimensión personal del tutelado y fue presentado ante los ministerios de Sanidad y Política Social y de Justicia como base para la creación del modelo de apoyos que indica pero no define la Convención de Naciones Unidas.

Respecto a la tutela judicial efectiva de las personas con discapacidad, derecho que reconoce el artículo 13 de la Convención; el ‘Informe Olivenza 2010’ recuerda la necesidad de que los Estados ratificantes del documento internacional adopten las medidas necesarias para asegurar que se forme efectivamente al personal del poder judicial y el sistema penitenciario nacionales sobre el respeto de los derechos de las personas con discapacidad. El informe elaborado por el Observatorio Estatal de la Discapacidad recuerda además que el acceso a la justicia también es cuestión de accesibilidad a la información y arquitectónica.

España ha sido el primer país en cumplir con el mandato de Naciones Unidas de entregar un informe sobre la aplicación de la Convención en nuestro país, un informe que recoge una serie de avances e iniciativas que se han llevado a cabo y que se relacionan en el ‘Informe Olivenza 2010’.


Retos y oportunidades para el empleo
El desarrollo de un trabajo es para las personas con discapacidad una de las herramientas esencia-les para una plena integración social y uno de los pasos clave para alcanzar la autonomía personal; sin embargo, un número creciente de personas con discapacidad que necesitan encontrar empleo se ven influidas por los recortes en las políticas de incentivos a la contratación y por el descenso del empleo en los sectores económicos en los que las personas con discapacidad tienen más posibilidades de integración. En el ámbito del empleo, el ‘Informe Olivenza 2010’ analiza los principales problemas de inserción laboral de las personas con discapacidad (que pasan por un nivel educativo y una cualificación profesional deficientes, actitud negativa de empleadores o responsables de recursos humanos, falta de accesibilidad,...) y los avances introducidos en los últimos años.

Entre estos avances destacan los introducidos en la Estrategia global de acción para el empleo de personas con discapacidad 2008-2012. La aplicación de la Estrategia se ha concretado en medidas como la extensión de ciertas bonificaciones e incentivos al empleo de personas con discapacidad, el incremento en reserva de puestos de trabajo en las ofertas de empleo público, determinadas modificaciones impositivas que benefician a personas con discapacidad y la introducción de criterios sociales en la contratación pública, entre otras cuestiones. En paralelo, el poder judicial ha dictado jurisprudencia sobre la compatibilidad entre las pensiones de incapacidad y el trabajo por cuenta ajena.

La información sobre los contratos acogidos a medidas de fomento de empleo que se realizan a trabajadores con discapacidad muestra que, en 2010, la contratación de personas con discapacidad se está mostrando bastante dinámica y se está recuperando con mayor nitidez de la crisis que la contratación general. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos datos sólo muestran una parte de la dinámica del mercado laboral (las contrataciones efectuadas), y no permiten obtener conclusiones acerca de la evolución de variables como las tasas de actividad, empleo y desempleo, que son esenciales para el conocimiento de la verdadera situación de empleo de las personas con discapacidad. Es necesario, por ello, que la variable discapacidad se incorpore en las estadísticas de empleo, y en particular en la Encuesta de Población Activa y en las series estadísticas sobre afiliados en situación de alta laboral que difunde la Seguridad Social.


Desarrollo de la LAPAD
La Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia (LAPAD) es, para todos aquellos expertos que la han analizado en profundidad a lo largo de sus tres primeros años de vigencia, un avance significativo en la protección social, al consolidar derechos subjetivos y universalizar la cobertura de las necesidades de atención que tienen las personas que requieren apoyos para desarrollar las actividades de la vida diaria.

En los diferentes análisis realizados sobre la conocida como Ley de Dependencia, también se apunta que, si bien se trata de un destacable avance, existen una serie de problemas en su aplicación práctica como, por ejemplo, las importantes diferencias territoriales en su nivel de desarrollo.

El ‘Informe Olivenza 2010’ recoge en su capítulo dedicado al análisis de la aplicación de la LAPAD un apartado que detalla cómo se ha producido su evolución, así como el desarrollo del Sistema para la Autonomía y atención a la Dependencia (SAAD), y una serie de cifras que acercan a la situa-ción actual de aplicación de la ley. A través de estos datos se puede conocer que a 1 de septiembre de 2010 las prestaciones de la LAPD ascendían a 734.151 y la media de prestaciones por persona beneficiaria se había elevado hasta 1,18; siendo la prestación económica para cuidados en el entorno familiar y apoyo a cuidadores no profesionales la mayoritaria.

En la publicación se recogen además una serie de propuestas y recomendaciones para el adecuado y efectivo desarrollo de la LAPAD, realizadas por los diversos expertos e instituciones que han analizado su proceso de implantación. Estas propuestas están relacionadas con la necesidad de un nuevo impulso en materia de promoción de la autonomía personal, la mejora del proceso de entrada al SAAD (baremo, plazos de resolución y asignación de prestaciones, composición de los equipos de valoración desarrollo de la figura del gestor del caso), la mejora de los servicios y prestaciones (reequilibrio de las prestaciones, desarrollo del catálogo de servicios), la cooperación y coordinación (refuerzo del Consejo Territorial, promoción de la colaboración público-privada, promoción e impulso de un modelo de base territorial de proximidad) y la financiación del sistema (concentración de los recursos en la dependencia grave y severa, integración de la atención a la dependencia en la LOFCA, consideración de nuevas alternativas de financiación).


La actualidad del sector
Tras los cuatro capítulos monográficos del ‘Informe Olivenza 2010’, éste presenta una crónica informativa en la que se recogen aquellas noticias del ámbito de la discapacidad que fueron actualidad en los medios de comunicación a lo largo de 2008 y 2009 –con una acercamiento a las del año 2010-. A través de esta recopilación se quieren mostrar los acuerdos adoptados por instituciones públicas y privadas a lo largo del bienio estudiado, las medidas adoptadas por las diferentes administraciones, acciones desarrolladas por diversas entidades y que pueden ser valoradas como buenas prácticas, situaciones de vulneración de derechos o avances en materia sociosanitaria y nuevas propuestas accesibles de ocio y cultura.

Para finalizar, la publicación elaborada desde el Observatorio Estatal de la Discapacidad incluye una selección de indicadores sobre la situación de las personas con discapacidad en España centrados en la prevención de deficiencias, la educación inclusiva y los alumnos con necesidades educativas especiales, la contratación, la protección económica, la información estadística del SAAD y la accesibilidad. Con estos últimos datos, el Observatorio Estatal de la Discapacidad quiere completar la ‘radiografía’ de la situación de las personas con discapacidad en España que supone este ‘Informe Olivenza 2010’.


El Observatorio Estatal de la Discapacidad
El Observatorio Estatal de la Discapacidad (OED), ubicado en Olivenza (Badajoz) es un instrumento técnico que la Administración General del Estado, a través del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, pone al servicio de las Administraciones Públicas, la Universidad y el Tercer Sector, para la recopilación, sistematización, actualización, generación y difusión de información relacionada con el ámbito de la discapacidad.

El OED tiene su origen en el convenio suscrito en Olivenza, el 4 de diciembre de 2006, entre el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (cuyas competencias en materia de discapacidad fueron asumidas, tras la última reestructuración ministerial, por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad), el Real Patronato sobre Discapacidad, la Comunidad Autónoma de Extremadura, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), la Universidad de Extremadura y la Fundación para la Promoción y Apoyo a las Personas con Discapacidad (FUTUEX).
Informe Olivenza 2010. Las personas con discapacidad en España

domingo, 28 de septiembre de 2008

El Consejo de Ministros aprueba la Estrategia Global de Acción para el Empleo de Personas con Discapacidad

(Referencia del Consejo de Ministros)

El principal objetivo de la la Estrategia Global de Acción para el Empleo de Personas con Discapacidad, aprobada por el Consejo de Ministros del pasado viernes, 26 de septiembre, es promover el acceso al mercado de trabajo, mejorando su empleabilidad e integración laboral, de un colectivo que representa el 8,6 por 100 de la población entre 16 a 64 años, y sólo el 4,1 por 100 del total de ocupados.

La Estrategia responde a una necesidad social: en una sociedad inclusiva hay que aspirar al pleno empleo de todas las personas con discapacidad que quieran trabajar.

Además, da cumplimiento a un mandato legal contenido en la Ley para la Mejora del Crecimiento y del Empleo, que establecía que el Gobierno, previa consulta con los interlocutores sociales y las organizaciones representativas de las personas con discapacidad, debía aprobar un documento que contuviera un repertorio con iniciativas y medidas dirigidas a promover más empleos y de mejor calidad para este colectivo.

La Estrategia ha sido negociada y consensuada con los interlocutores sociales y el CERMI, y ha sido consultada con las Comunidades Autónomas. Existe un alto grado de coincidencia en los objetivos a alcanzar y en las líneas de actuación a desarrollar en los próximos años.

Siete objetivos operativos

El texto fija dos objetivos generales: por un lado, aumentar las tasas de actividad y de ocupación así como la inserción laboral de las personas con discapacidad y, por otro, mejorar la calidad del empleo y dignificar las condiciones de trabajo, combatiendo activamente la discriminación. Para ello la Estrategia tiene siete objetivos operativos, que incluyen 93 líneas de actuación. Los objetivos son los siguientes:

  1. Remover las barreras de todo tipo (socioculturales, legales y físicas, tanto arquitectónicas como de comunicación) que aún dificultan el acceso al empleo de las personas con discapacidad.
  2. Potenciar la educación y la formación de las personas con discapacidad para favorecer su empleabilidad.
  3. Diseñar nuevas políticas de empleo mejor adaptadas a las necesidades de las personas con discapacidad y mejorar su gestión.
  4. Promover una mayor contratación de personas con discapacidad en el mercado de trabajo ordinario.
  5. Renovar el empleo protegido, preservando el dinamismo en la generación de empleo alcanzado en los últimos años y favoreciendo un mayor tránsito hacia el empleo ordinario.
  6. Mejorar la calidad del empleo y de las condiciones de trabajo de las personas con discapacidad, en particular combatiendo activamente su discriminación en el mercado de trabajo.
  7. Mejorar tanto los sistemas de recogida, análisis y difusión de la información en materia de empleo y personas con discapacidad como la coordinación de las políticas públicas de empleo desarrolladas por las Administraciones Públicas.

Asimismo, para desarrollar la Estrategia se tendrán en cuenta dos objetivos de naturaleza transversal: utilizar las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para favorecer el empleo de las personas con discapacidad y prestar especial atención a aquellas variables (tipo y grado de discapacidad, edad, lugar de residencia, etcétera) que agravan la situación de inactividad de determinadas personas con discapacidad, y atender especialmente a la doble discriminación que sufren las mujeres con discapacidad).

Recursos económicos

Se destinarán 3.700 millones de euros a lo largo de los cinco años en que se va a desarrollar la Estrategia. De los 740 millones de euros que se le asignarán cada año, 440 millones corresponderán a bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social de las empresas que contraten a personas con discapacidad y los 300 millones restantes se destinarán a fomentar el empleo protegido, en particular, en los centros especiales de empleo.

miércoles, 16 de abril de 2008

Informe del mercado de trabajo de las personas con discapacidad 2008


El Observatorio Ocupacional del Servicio de Empleo Público Estatal ha publicado recientemente el Informe de mercado de trabajo de las personas con discapacidad 2008. Este informe ofrece, a partir de los datos de demanda de empleo y de contratación registrada en los servicios públicos de empleo, un amplio panorama sobre la situación laboral de las personas con discapacidad. Detalla la evolución y características de la demanda de empleo de este colectivo así como variables entre las que se destacan: el número de personas con discapacidad en paro, experiencia laboral, actividades laborales de contratación, tipo de contrato, formación para e empleo e inserción profesional: número de alumnos formados en el año 2007, porcentaje de inserción, formación ocupacional con mayor inserción, entre otras.

El documento se encuentra disponible en formato PDF en el siguiente enlace:

jueves, 3 de abril de 2008

Ciudadanía, empleo, género y exclusión

Eduardo Díaz Velázquez (Publicado en el diario La Verdad de Murcia el 20 de Marzo de 2007)

En los últimos años, España ha experimentado un desarrollo social constante y sostenido, que ha permitido a sus ciudadanas y ciudadanos disfrutar de los niveles más altos de bienestar social jamás conocidos. No obstante, a pesar de este desarrollo, continúan existiendo colectivos sociales que, por diferentes motivos, se encuentran en situación de exclusión o en riesgo de la misma. Nos estamos refiriendo, entre otros, a la población inmigrante (que cubre, sin reconocimiento, un importante sector del mercado de trabajo que la población española prácticamente ha dejado de ocupar), a las personas con discapacidad (para las que se han diseñado a lo largo de décadas políticas proteccionistas, en lugar de apostar por el desarrollo de su autonomía personal), a la minoría étnica gitana (que lleva consigo durante siglos un estigma social y cultural que habita en el inconsciente colectivo español), a las personas toxicómanas y ex-toxicómanas (a las que por su condición se estigmatiza y se les dificulta la posibilidad de (re)inserción) y a los jóvenes en riesgo (que sufren de manera más agresiva las contradicciones de nuestro sistema: precariedad laboral, vivienda inasequible, falta de oportunidades, fracaso escolar, etc.).

No se puede dejar de mencionar que las mujeres de estos colectivos, por la discriminación histórica que ha existido hacia este sexo, se encuentran con una doble situación de exclusión: por el hecho de ser mujer y por pertenecer a alguno de los colectivos señalados (caso especial es el de las mujeres gitanas, que sufren la discriminación a nivel social y de manera particular dentro de su colectivo). Es más, a veces nos podemos encontrar con la convergencia de dos, tres o más factores de exclusión, que acentúan las dificultades de integración de las personas que los “portan”: mujeres inmigrantes con discapacidad, mujeres jóvenes con algún tipo de adicción, etc.

La exclusión de estos colectivos, aunque no es necesariamente el único ámbito donde podemos observarla, se manifiesta principalmente en el mercado laboral: paro, precariedad, discriminación salarial, sectorización… Es la realidad cotidiana de miles de personas que habitan en las fronteras de nuestras sociedades de la opulencia, que por una u otra razón, no siempre ven reconocidos sus derechos. Teóricamente, atendiendo a la llamada ciudadanía formal, o, lo que es lo mismo, al reconocimiento que está presente en nuestro ordenamiento jurídico de los derechos civiles, políticos y sociales, todas las mujeres y los hombres de estos colectivos poseen iguales derechos que cualquier otro ciudadano del Estado español (a excepción de los inmigrantes, ya que la posesión de la ciudadanía está ligada a la nacionalidad y salvo la minoría del colectivo que la posee, se ven privados fundamentalmente de derechos políticos como el derecho a voto).

No deja de ser evidente que en la práctica, a pesar de esa igualdad de derechos que existe sobre el papel, estos colectivos tienen dificultades para ejercerlos de manera plena. Estamos en el campo de lo que se ha llamado, en el estudio sociopolítico, ciudadanía sustantiva. Y aunque tiene uno de sus principales ejes en el acceso al empleo, el mercado de trabajo es sólo uno de los espacios de la esfera pública donde se ejerce. A pesar de las políticas integradoras y de “discriminación positiva” que se han implementado en los últimos años, sigue existiendo una brecha fácilmente identificable entre excluidos e incluidos, que incluso puede observarse en los espacios físicos de nuestra vida cotidiana. Es por esta razón que para que estos colectivos puedan ejercer una ciudadanía plena y en igualdad de condiciones, no sólo se ha de posibilitar el acceso al empleo, sino que también se han de incrementar los esfuerzos por darles visibilidad, en particular a las mujeres (pues su exclusión se extiende, más allá de estos colectivos, a buena parte de la población). Luchar por derribar estereotipos y prejuicios, hacerlas partícipes de la esfera pública, de una participación efectiva para expresar sus demandas, sus reivindicaciones; que se vea que existen, que están ahí y que forman parte de la sociedad, como formamos parte tú y yo.

Con este fin trabajan diversas entidades sin ánimo de lucro a lo largo de nuestra geografía, que con el apoyo de diferentes organismos públicos y privados, tratan de favorecer el acceso al empleo de personas que hasta ahora lo habían tenido bastante restringido, pero que más allá, conciben que la integración pasa por dar voz y poner rostro a aquellos que, como decía Eduardo Galeano, siempre han sido “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Que no son, aunque sean. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número…”. Pero aún les queda la palabra.

jueves, 27 de marzo de 2008

Discapacidad y accesibilidad en la empresa. Una visión desde la responsabilidad social corporativa

Antonio Jiménez Lara

La OIT calcula que en el mundo hay unos 386 millones de personas con discapacidad en edad de trabajar. Son personas que tienen el potencial necesario para incorporarse al mercado laboral y contribuir al desarrollo de sus países como empleados, trabajadores independientes o empresarios, y que desean hacerlo. Sin embargo, la mayor parte de las personas con discapacidad que pueden y quieren trabajar están desocupadas. Muchas de ellas, ante la falta de expectativas laborales, ni siquiera buscan trabajo. Además, cuando las personas con discapacidad trabajan, frecuentemente lo hacen en empleos en los que se les paga menos y en los que tienen pocas posibilidades de promoción profesional. El resultado final de esta situación es que, en los albores del siglo XXI, muchas personas con discapacidad viven en la pobreza.

Esta situación no es privativa de los países de menor desarrollo relativo. En España, la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud de 1999 cifró el número de personas con discapacidad en edad de trabajar en algo más de 1,3 millones, lo que supone un cinco por ciento de la población total en el mismo rango de edad. Según la encuesta, sólo el 32 por cien de las personas con discapacidad en edad de trabajar se encontraba en situación activa (trabajando o buscando empleo), lo cual supone algo menos de medio millón de personas. El resto (dos de cada tres personas) no se habían incorporado al mercado laboral. Para valorar adecuadamente estas cifras hay que tener en cuenta que, en la fecha en que se realizó la encuesta, la tasa de actividad de la población general (un 64,5 por cien) era más del doble que la de las personas con discapacidad.

La lectura de la situación laboral de las personas con discapacidad que proporciona la encuesta de 1999 se hace aún más negativa si tenemos en cuenta que, además de esa baja tasa de actividad, soporta también una alta tasa de desempleo (un 26,1 por cien frente al 16,6 por cien que en la misma fecha presentaba la población general). El resultado era una tasa de empleo del 23,9 por ciento, lo que quiere decir que sólo una de cada cuatro personas con discapacidad en edad laboral estaba ocupada, treinta puntos porcentuales por debajo de la tasa de empleo de la población general (53,8 por ciento).

En la primavera del año 2002 el INE aplicó un módulo sobre discapacidad en la Encuesta de Población Activa que permitió obtener nuevos datos sobre las personas con discapacidad y su relación con el empleo. Esos datos no se refieren sólo a las personas con discapacidad en sentido estricto, sino también a quienes tienen algún problema de salud cuya duración haya sido o se espera que sea superior a seis meses. La población estudiada, de acuerdo con ese criterio, ascendía a 2,34 millones de personas (un 8,7 por cien de la población en edad de trabajar). La tasa de actividad de esta población se cifraba en el 33,7 por ciento (frente al 67,8 por cien de la población general en esa misma fecha), menos de dos puntos por encima de la obtenida, con criterios bastante más restrictivos en la definición de discapacidad, en 1999. Las tasas de desempleo eran significativamente menores que tres años antes, tanto para las personas con discapacidades o problemas de salud de larga duración (15,3 por cien) como para el conjunto de la población en edad de trabajar (11,1 por cien), aunque mantenían diferencias significativas en perjuicio de las personas con discapacidad, y las tasas de empleo (personas ocupadas respecto de la población en edad de trabajar) habían ascendido moderadamente, situándose en el 28,5 por cien para las personas con discapacidades o problemas de salud y en el 60,3 por cien para la población general, con una diferencia de casi 32 puntos porcentuales.

En su publicación Perspectivas de Empleo 2003, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) recogió información sobre la situación laboral de las personas con discapacidad de entre 20 y 64 años en 19 países, de acuerdo con datos referidos al final de la década de los 90. España ocupaba el penúltimo lugar entre esos países (por delante únicamente de Polonia), con una tasa de empleo del 22 por ciento, frente al 44 por ciento de media para los 19 países estudiados (en algunos de los cuales, como Suiza y Noruega, más del 60 por ciento de las personas con discapacidad están empleadas).

A principios de 2008, la Fundación Equipara ha presentado el informe Equipara 2008, basado en los datos recopilados por el Observatorio para la mejora de la equiparación laboral de las personas con discapacidad. Según este informe, basado en 1.319 entrevistas telefónicas a responsables de contratación de empresas españolas de más de 50 trabajadores, aunque tres de cada cuatro de estas empresas ha contratado a alguna persona con discapacidad, sólo una de cada siete (el 14%) cumplen con el porcentaje de empleo de personas con discapacidad (2% de la plantilla) al que obliga la ley. En general, las empresas que han contratado a personas con discapacidad están muy satisfechas con el trabajo desempeñado por estos trabajadores, tanto por la eficiencia en sus tareas como por su motivación, aunque reconocen la existencia de carencias en la formación del colectivo, y ocasionalmente han referido la existencia de problemas de autoestima o de dificultades de relación de los trabajadores con discapacidad y el resto de los trabajadores.

La primera reflexión que suscitan estos datos es que en España queda todavía mucho por hacer para canalizar el potencial de empleo de las personas con discapacidad y hacer posible el ejercicio efectivo de su derecho a un trabajo digno. La segunda es que es posible lograrlo, como muestra la experiencia de otros países de nuestro entorno, en los que las personas con discapacidad tienen unos niveles de inserción laboral mucho mayores.

Para ello, es necesario actuar sobre los múltiples factores que influyen en la tasa de empleo de las personas con discapacidad. A la hora de explicar por qué unas personas con discapacidad tienen más éxito que otras a la hora de encontrar empleo y por qué en unas sociedades las personas con discapacidad, consideradas como conjunto, tienen más dificultades para su inserción laboral que en otras, tenemos que tener en cuenta no sólo los factores personales (el nivel educativo, la edad, el sexo, el tipo y severidad de la discapacidad, etc.), sino también muchos otros, como las expectativas de la familia y del entorno, las actitudes y el compromiso social de los empleadores, el nivel general de empleo, la calidad del empleo, el nivel general de retribuciones, la regulación de las relaciones laborales, las políticas de fomento del empleo y de la inserción....

Entre estos factores, quisiera destacar uno que está llamado a adquirir una gran importancia en los próximos años: me refiero al creciente compromiso de las empresas españolas con la accesibilidad y con el empleo de las personas con discapacidad, como una dimensión más de la política de responsabilidad social corporativa que las empresas líderes han comenzado a poner en práctica.

La responsabilidad social corporativa puede definirse como la implicación voluntaria de las empresas en la solución de las preocupaciones sociales y medioambientales de su entorno, y se desarrolla en tres vertientes principales: la ética en las relaciones internas de la empresa, la apuesta por la sostenibilidad y el medio ambiente y la acción social. Después de los escándalos financieros que, en los últimos años, han protagonizado grandes corporaciones norteamericanas y europeas, las empresas se han dado cuenta de que la sociedad les exige que sean algo más que meros generadores de beneficios. El prestigio de una empresa no depende ya sólo de lo saneada que esté su cuenta de resultados, sino de su capacidad para, sin dejar de ser rentable, tener un comportamiento ético, comprometerse con el futuro y dar respuestas a las demandas de los ciudadanos.

La responsabilidad social corporativa no es un simple gesto de marketing social. Las empresas que han apostado por ella han comenzado a descubrir que mantener un comportamiento ético es también rentable. Han descubierto que las inversiones que realizan para mejorar la accesibilidad de sus instalaciones, procesos y servicios benefician globalmente a la empresa (a los trabajadores, proveedores y clientes) y no sólo a las personas con discapacidad. Han descubierto también que el esfuerzo que supone desarrollar programas dirigidos a promover las incorporación laboral de personas con discapacidad, a mantener en el empleo a los trabajadores que adquieren una discapacidad y a facilitar la reinserción laboral de los trabajadores que han perdido su empleo debido a sus discapacidades, tiene una recompensa que es esencial para la empresa: el enriquecimiento de su capital humano.

Los trabajadores con discapacidad aportan conocimiento, experiencia y voluntad de superación, tres activos de los que ninguna empresa con vocación de liderazgo puede permitirse el lujo de prescindir. Por ello, el compromiso con la accesibilidad y con el empleo de las personas con discapacidad es más que el cumplimiento de una obligación legal o que el ejercicio de una responsabilidad ética. Puede convertirse también en una importante ventaja competitiva para las empresas que sean capaces de aprovechar el enorme potencial que tienen las personas con discapacidad.